lunes, 4 de enero de 2010

Nuestras Creencias: ¿Aliadas o enemigas?

”Nuestras creencias son generalizaciones que unen nuestras experiencias, valores, estados internos y expectativas, y forman el tejido de nuestra realidad”[1]

Nuestras creencias y valores están relacionados directamente con la pregunta: “¿Por qué?”
Son esencialmente juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos rodea. En PNL, se considera que las creencias son generalizaciones sobre: a) causa, b) significado, y c) límites en: 1) el mundo que nos rodea, 2) nuestra conducta, 3) nuestras capacidades y 4) nuestra identidad.[2]
¿Cuántas veces necesitamos escuchar el mismo comentario, frase, o ver una imagen para creer en lo que vemos o escuchamos?
¿De qué fuente debe provenir para que sea digno de credibilidad?
¿Cuál es la autoridad que le concedemos a la fuente para que se convierta en creíble?
¿Cuántas veces necesitamos experimentar un efecto determinado para creer en él?
¿Qué significado debe tener para nosotros para creer en lo que vemos, oímos o sentimos?
¿Hasta dónde creemos en aquello que vemos, oímos o experimentamos? ¿Para quiénes es válida esta creencia?
¿Afecta a alguien más que a nosotros?
¿De qué manera creer en lo que creemos afecta nuestra conducta, nuestras capacidades y nuestra identidad en los distintos ámbitos en los que nos movemos?
¿Hay algunas creencias que limitan nuestro accionar? ¿Cuál es su origen? ¿Quién se encargó de instalarlas en nuestro inconsciente? ¿Qué autoridad le conferimos para que lograra instalarlas?
¿Hasta qué punto creemos que somos merecedores del éxito en los distintos roles de nuestras vidas?
¿Qué espero lograr manteniendo estas creencias?
¿De qué manera sostener estas creencias hace que me sienta bien y cómodo?
¿Cómo me sentiría si obrara en contra o excediera los límites de estas creencias?

Ser capaces de contestar estas preguntas nos ayudará a saber si las creencias que nos mueven a la acción o a la no-acción tienen verdadero sentido en nuestras vidas, y si preservarlas es beneficioso o nos conduce a una vida inactiva, que se desarrolla en una zona de confort que, más allá de darnos satisfacción, es fuente de incertidumbre, baja autoestima y limitaciones en cuanto a aquello que podemos realmente lograr.

¿Cuántas veces necesitamos escuchar el mismo comentario, frase, o ver una imagen para creer en lo que vemos o escuchamos?

Dependiendo del ámbito al que nos referimos cuando hacemos esta pregunta, probablemente obtengamos distintas respuestas. Por ejemplo, si nos referimos a los medios y a su constante bombardeo, terminaremos convenciéndonos o creyendo aquello que los medios desean que creamos por cansancio, es decir, luego de haber oído y visto alrededor de veinticinco veces en una hora la misma noticia sobre un acto de inseguridad, ésta se fijará en nuestros cerebros y creeremos como absoluta una realidad parcial. Lo que quiero decir es que, si bien la noticia es verdadera, no es absoluta, y no se da en todos los barrios y ciudades del país, y por cada una de esas noticias, hay cientos de noticias positivas que no tienen difusión.
Por otro lado, algunos comentarios hacia nuestra persona en particular pueden convertirse en creencias con oírlas tan sólo una vez y, paradójicamente, tal vez sea más difícil erradicar esta creencia que aquellas instaladas por los medios de comunicación, puesto que si cambiamos de canal y escuchamos una versión diferente de los hechos, probablemente obtengamos una creencia diferente. En cambio, al tratarse de nuestras fibras íntimas, modificar una creencia instalada requiere de un trabajo más profundo que “cambiar de canal”, aunque en realidad debería ser igualmente sencillo. Sin embargo, este cambio está directamente relacionado con las siguientes preguntas:

¿De qué fuente debe provenir para que sea digno de credibilidad? ¿Cuál es la autoridad que le concedemos a la fuente para que se convierta en creíble?


Para responder a esta pregunta, vuelvo a hacer la división entre lo que el inconsciente colectivo termina aceptando como válido por repetición, por identificación, por pertenencia a un grupo determinado, por idolatría, etc. y el inconsciente personal. En cuanto al inconsciente colectivo, cada uno de nosotros decide qué programas de radio o televisión escuchar o ver, qué páginas de Internet consultar, qué periódicos leer, a qué líderes seguir, en definitiva, según nuestra orientación política, religiosa, artística, profesional, intelectual decidiremos la fuente en la cual creer. Por otro lado, nuestro inconsciente registra mucho más que aquello que es evidente, especialmente cuando proviene de alguien a quien nosotros validamos, y al decir “validar” me refiero a personas que cuentan con nuestro respeto, nuestra estima y admiración, y hasta nuestro temor. Padres, maestros, amigos, jefes, dirigentes forman este grupo de personas que pueden hacer de nosotros grandes personas, profesionales, etc. o contribuir en gran medida a la instalación de creencias limitantes que nos vuelvan temerosos del fracaso, aun sin haberlo intentado. En este caso “cambiar el canal” sería una manera de saber que existen otras opiniones y versiones de la realidad, y que esa persona a la que admiramos, respetamos o hasta tememos no es necesariamente dueña de la verdad absoluta. Haciendo un pequeño ejercicio con la utilización de la técnica “swish” podríamos lograr reducir el tamaño de la imagen de esa persona que instaló la creencia limitante (si es que en nuestra mente hemos dado un tamaño mayor que el real a esa persona), o bajar el volumen de su voz hasta hacerlo inaudible, y por lo tanto, imposible que nos afecte.

¿Cuántas veces necesitamos experimentar un efecto determinado para creer en él?

Afortunadamente, en nuestra infancia solemos ser criaturas obstinadas, que se niegan a aceptar que lo que queremos lograr es “imposible”, y es gracias a esa obstinación que incorporamos la mayor parte de los conocimientos esenciales para nuestra supervivencia en ese breve lapso. No importa cuántas veces nos caigamos al intentar dar el primer paso, o de la bicicleta, o cuántas veces digamos mal una palabra, provocando la tierna risa de nuestros padres (a veces no tan tierna), o cuántas veces intentemos ese estilo de natación, o la escritura prolija, o las cuentas bien hechas, y que todos esos intentos sean infructíferos; continuaremos intentándolo hasta que nos salga bien. No obstante, ya sea por el juicio de los “mayores”, de nuestros pares, de nuestros maestros o de quien merezca nuestra atención, con el tiempo comenzamos a desistir en nuestros intentos fallidos cada vez más rápidamente. El miedo al fracaso o a perder el respeto de los demás hace que la creencia de que “no podemos” se instale permanentemente, pero si continuáramos intentándolo como en nuestros primeros años de vida, sin prestar atención a comentarios desafortunados o juicios desacertados, ganaríamos la posibilidad de finalmente lograr el objetivo que nos hemos propuesto realizar. Por el contrario, creer que sí podemos alcanzar nuestra meta nos predispone positivamente a enfrentar todos los obstáculos que puedan aparecer a lo largo de nuestro camino, y llevarnos, finalmente, al éxito deseado.

¿Qué significado debe tener para nosotros lo que vemos, oímos o sentimos para creer en ello?

En este sentido, nuestro sistema de valores adquiere un peso importante, ya que es lo que va a determinar si creemos o no en lo que vemos, oímos o sentimos. Así por ejemplo, si creo en un determinado sistema político o religioso, o si apoyo determinado planteo filosófico o científico, y por lo tanto valoro todo aquello que tenga relación con ese campo, aceptaré como válido algo que concuerde con esos principios. El significado que le doy a lo que veo, escucho o siento es la coherencia con lo que pienso y cómo encaja dentro de mi sistema de creencias y valores al cual refuerza con un ejemplo más. En el plano personal tendrá que ver con quién y cómo ese sistema de valores es atacado o reforzado para rechazar o creer en lo que percibo.

¿Hasta dónde creemos en aquello que vemos, oímos o experimentamos?


Y aquí la pregunta se refiere a si aquello en lo que creemos permanecerá inalterable, pase lo que pase, o si por el contrario, existe la posibilidad de cambiar esa creencia frente a la demostración de que no es beneficiosa o que existen otras posibilidades de realidades alternativas. Y la respuesta a esta pregunta se torna relevante al momento de lidiar con creencias limitantes impuestas por personas (a veces nosotros mismos) o circunstancias validadas por nosotros. Ejemplos de tales creencias son: “Dedicate a otra cosa”, “No servís para nada”, “Esto no es lo tuyo”, “Es imposible”, “Nunca lo lograré”. Ahora bien, si creemos que “es imposible” modificar estas creencias, sin duda, así será, pero si dejamos un mínimo espacio para la duda, entonces hay esperanza, entonces es posible que, con un poco de esfuerzo logremos abrir la brecha entre lo imposible y lo posible.

¿Para quiénes es válida esta creencia? ¿Afecta a alguien más que a nosotros?

Hay quienes necesitan “ver para creer”, y quienes creen sin haber visto. Los grandes líderes de la historia se han ocupado de hacer que sus creencias se convirtieran en las creencias de multitudes de seguidores, ya sea que éstas fueran justas o no. Creer profundamente en lo que decimos y hacemos hace que los demás también crean, aun sin las pruebas suficientes. Vivir en sociedad implica comunicarnos y, a través de nuestro accionar, transmitir nuestras creencias y valores. No es posible no comunicarnos. De una manera u otra, incluso a través de nuestro silencio, estamos comunicando algo. Por eso, sostener una creencia determinada difícilmente sea algo que nos afecte solamente a nosotros. Dependiendo del campo de acción, habrá más o menos personas involucradas en nuestra creencia, pero tomando el plano personal como aquel sobre el cual tenemos mayor influencia, veremos que nuestra actitud frente a las alternativas que nos presenta la vida determinará si nosotros y los demás creemos que podemos lograr nuestros objetivos o no. Es la firme convicción en lo que estamos haciendo lo que nos empuja hacia la concreción de nuestros logros. Sin embargo, a veces es la fortaleza de una creencia limitante lo que nos detiene, nos priva de la realización de lo que queremos. En ese caso, pensar si afecta a alguien más puede llevarnos a liberarnos de esa limitación en pos de beneficiar no sólo a nosotros mismos, sino a otras personas que también podrían verse afectadas por nuestra decisión.

¿De qué manera creer en lo que creemos afecta nuestra conducta, nuestras capacidades y nuestra identidad en los distintos ámbitos en los que nos movemos?

Nuestro sistema de creencias y valores es lo que dictamina nuestro proceder y por lo tanto rige en nuestra conducta a través de las pautas impuestas según lo que creamos correcto, nuestras capacidades en cuanto a sentirnos en condiciones de realizar tareas específicas y nuestra identidad al determinar quiénes somos en relación con nuestras posibilidades dentro de nuestro entorno. Si creo que soy una persona inteligente, actuaré en consecuencia y trataré de obtener los mejores resultados posibles. Mi conducta y mis capacidades serán una consecuencia de mis creencias y tarde o temprano afectarán mi identidad, llevándome a un plano más alto del que me encuentro en el presente. En cambio si creo que soy una persona inútil, sin especificar en qué, afectando directamente mi identidad (“soy una inútil”), habré desechado toda posibilidad de actuar de una manera en la que pudiera darle mayor provecho a mis capacidades. De igual modo, en el plano social, político, religioso, profesional, etc., nuestras creencias afectarán de manera significativa nuestra conducta, capacidades e identidad. “Soy católico”, “Soy musulmán”, “Soy comunista”, “Soy conservador”, “Soy sociólogo”, “Soy contador”, “Soy un desocupado”, hablan no sólo de nuestra identidad, sino de las consecuencias de esa identidad en nuestras conductas y capacidades.


¿Hay algunas creencias que limitan nuestro accionar? ¿Cuál es su origen? ¿Quién se encargó de instalarlas en nuestro inconsciente? ¿Qué autoridad le conferimos para que lograra instalarlas?

Nuevamente nos remitimos a las personas que influenciaron e influencian nuestras acciones y visión de la vida. Hay momentos de nuestras vidas en los que somos muy permeables a las críticas e influencias de quienes nos rodean y actuamos en consecuencia, ya que tales conceptos se instalan en nuestro inconsciente y luego resulta difícil erradicarlos. ¿Qué pasaría si desafiáramos esa influencia, esa autoridad que les conferimos? ¿Qué pasaría si, por una vez, decidiéramos que no queremos aceptar esa creencia, si nos propusiéramos pensar diferente, actuar diferente? ¿Qué pasaría si retiráramos nuestro apoyo a las creencias mal instaladas y las cambiáramos por creencias que nos llevaran al éxito? Si alguien puede hacerlo, todos podemos, dice uno de los supuestos de la PNL, ¿por qué no intentarlo? ¿Qué podemos perder si lo hacemos? ¿Cuánto podemos ganar?

¿Hasta qué punto creemos que somos merecedores del éxito en los distintos roles de nuestras vidas?

Pareciera a veces que el éxito está destinado a otras personas, que nosotros no valemos lo suficiente como para ser exitosos. ¿Según quién? Todos tenemos el mismo derecho a ser felices, acceder a aquello que queremos, tener éxito en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, en nuestros hobbies, tener la figura que deseamos, realizar los viajes que anhelamos… en síntesis, todos tenemos derecho a soñar y a que nuestros sueños (o nuestro mapa) se conviertan en realidad. Tenemos a nuestra disposición una cantidad de herramientas que es común a todas las personas, y por lo tanto, el mismo derecho a utilizarlas.

¿Qué espero lograr manteniendo estas creencias?
¿De qué manera sostener estas creencias hace que me sienta bien y cómodo?

Si bien en ocasiones sabemos que determinadas creencias limitan nuestro avance hacia el logro de nuestros objetivos, también es verdad que detrás de esas creencias limitantes hay un deseo de preservarnos, ya sea del ridículo, del fracaso, de la exposición pública, etc., o de mantenernos dentro de nuestra zona de confort. Lo importante es detectar cuál es esa “intención positiva” y mantenerla, aun cambiando la creencia. Es decir, si creo que no voy a poder hacer una presentación en público, y detrás de esa creencia se esconde la intención de protegerme del ridículo, puedo modificar esa creencia a través de otra facilitadora que me ayude a prepararme de manera tal que no haga el ridículo y me permita hacer una presentación brillante, a partir de la cual recibiré el respeto de mi audiencia. De esta forma habré logrado dos objetivos: protegerme y ser exitosa.

¿Cómo me sentiría si obrara en contra o excediera los límites de estas creencias?

”Nuestras creencias son generalizaciones que unen nuestras experiencias, valores, estados internos y expectativas, y forman el tejido de nuestra realidad”, por lo tanto, obrar en contra de ellas o exceder sus límites nos haría sentir, cuanto menos, incómodos. No es fácil romper con el tejido de nuestra realidad, con lo que hemos hecho y creído durante toda nuestra vida. Pero es conveniente preguntarnos cuál es el verdadero beneficio de seguir haciéndolo y cuál si decidiéramos obrar en contrario o exceder esos límites auto impuestos. Tal vez salirnos de nuestra zona de confort nos traiga mayores frutos que quedarnos, y nos haga comprender la grandeza que se oculta detrás de esa presunción de que “no podemos” lograr aquello que soñamos. Hace falta tan sólo atreverse.

[1] Changing Belief Systems with NLP, Dilts Robert, 1990
[2] Changing Belief Systems with NLP, Dilts Robert, 1990

viernes, 15 de mayo de 2009

¿A quiénes ayuda la PNL?

Sin ningún lugar a dudas, la Programación Neurolingüística, disciplina con la que comenzamos a contar a partir de mediados de los años setenta, gracias a sus creadores John Grinder y Richard Bandler, nos proporciona una enorme cantidad de herramientas que nos ayudan a resolver conflictos, superar creencias limitantes, deshacernos de fobias que nos acompañaron gran parte de nuestras vidas, mejorar nuestra comunicación, nuestra calidad de vida… y voy a transcribir parte de un artículo extraído de NLP Germany, en el cual se destacan los siguientes comentarios:

¿CUALES SON LOS BENEFICIOS DE LA PNL?

Sea su interés personal o profesional, este podría ser el curso de desarrollo personal más poderoso de toda su vida. A continuación se destacan algunos de los beneficios que nuestros alumnos mencionan:

Capacitadores profesionales aprecian los saltos cuánticos en su efectividad al capacitar a otras personas. Valoran especialmente la variedad de técnicas que pueden usar para mejorar sus propios cursos.


Consultores se benefician mejorando sus relaciones con sus clientes al poder proporcionarles lo que ellos realmente quieren a través de la comunicación precisa


Gerentes notan que su habilidad de motivación personal y grupal se acrecienta a través de una comunicación más efectiva. Al mejorar sus habilidades gerenciales, disminuye el estrés y mejoran los resultados en áreas tan diversas como coaching y toma de decisiones


Vendedores descubren cómo vender más efectivamente con integridad, adaptando las presentaciones a sus clientes, y de ese modo lograr un mutuo beneficio cliente/ vendedor


Educadores encuentran inspiración y poderosos nuevos métodos para involucrar a sus estudiantes más integralmente en el aprendizaje


Profesionales del Coaching y Counselling ganan una variedad de las más efectivas herramientas de intervención

El público en general encuentra que las habilidades de la PNL mejoran su calidad de vida y les ayudan a descubrir nuevas direcciones, ganando específicamente:

· Mayor potencial de ingreso
· Satisfacción laborar
· Relaciones laborales y personales plenas
· Salud física vital
· Una red de contactos influyentes
· Mayor creatividad
· Infinitas ideas para la resolución de problemas
· Mayor auto confianza
· Mejor utilización del tiempo
· Flexibilidad

Y aunque parezca mentira, todo esto es real. No me atrevo a decir que es “verdad” porque la verdad es subjetiva: “El mapa no es el territorio” dice una de las principales presuposiciones de la PNL. Lo digo desde mi experiencia personal, desde la cantidad de cosas que he superado y logrado en este tiempo (desde 1998) a través de las técnicas y herramientas proporcionadas por esta poderosa disciplina.

Sin embargo, y aquí pido la ayuda de aquellas personas que tienen mayor y más profundo conocimiento que yo, mi inquietud va más allá, a preguntar si es posible utilizar estas herramientas tan efectivas para ayudar a personas que tienen sus necesidades básicas insatisfechas, a chicos que empiezan a drogarse a los ocho años, a chicas que a los 17 años tienen tres hijos y que no quieren tener más pero no saben cómo hacer, a familias enteras inmersas en la falta de esperanza, a jóvenes que creen que sus vidas no se extenderán más allá de los 20 años…

No es tan difícil ayudar a vendedores, capacitadores, educadores, público en general sin grandes dificultades, y por grandes dificultades quiero decir lo que mencioné anteriormente, graves situaciones que nuestra sociedad atraviesa, por más que muchas veces nos neguemos a verlas.

¿Por qué no probamos poner en práctica todo este caudal de posibilidades para aquellos que menos tienen? Creo que como experiencia, si bien puede llegar a ser demoledora física y espiritualmente, también puede ser extremadamente gratificante, ya que los cambios que podrían observarse serían verdaderamente revolucionarios.

¿De quién depende?

sábado, 2 de diciembre de 2006

PNL(TM) Y EMBARAZO

PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA Y EMBARAZO
Miedo al dolor durante el parto

La mujer enfrenta diversos miedos durante el embarazo, y uno de los más frecuentes es el miedo al dolor durante el parto. Lo dice la Biblia “parirás con dolor”. Sin embargo este momento de la vida de una mujer puede convertirse en uno (sino el máximo) de los momentos de mayor placer y alegría. Un momento de comunión con el cosmos y la creación, el génesis de la vida.

A continuación describiré una técnica que será de gran ayuda para programar un parto feliz, sin temor y con los sentidos a pleno para disfrutar, en lugar de padecer, este momento tan glorioso en la vida de toda mujer:

Elegí una habitación donde haya una pared lo suficientemente despejada como para proyectar tus imágenes (en lo posible sin ventanas, cuadros, etc.).
En principio la idea es generar dos imágenes:
· Arriba y a la izquierda, la imagen del estado actual (cómo te sentís en este momento respecto al parto: tus miedos, incertidumbres, etc.). La imagen debe ser lo más detallada posible: lugar, personas, colores, objetos, movimiento, temperatura, sonidos, tamaño, es decir, en la descripción que hagas, deberán incluirse la mayor cantidad de detalles posible. Además la descripción será en tercera persona, no en primera: “Débora está haciendo tal cosa, acompañada de tal persona, vestida de tal manera, etc.”
· Arriba y a la derecha, proyectá la imagen del estado deseado en términos positivos, describiéndola de la misma manera que el estado actual (en cuanto a detalle y a persona). Al decir términos positivos, quiero decir: “Quiero un parto feliz, relajado” (en tus palabras, no las mías), en lugar de: “no quiero tener miedo” ó “no quiero sufrir”. En este punto, responde a estas preguntas:
· ¿Qué querés lograr?
· ¿Depende de vos?
· ¿Cuál será el resultado de alcanzar tu objetivo?
· ¿Con qué recursos contás para lograr tu objetivo?
· ¿Qué recursos te hacen falta para lograrlo?
· ¿Qué te impide logralo?
· ¿Qué es lo que verás, oirás, sentirás cuando lo hayas alcanzado?
· ¿Cuándo, dónde y con quién querés lograr tu objetivo?
· ¿Hay algún momento en el que no desees este objetivo? (cuidado con esta pregunta, que en realidad se refiere al momento preciso y no a otros momentos, porque tu objetivo es para un día específico: el del parto)
· ¿Cómo vas a saber si lo lograste?
· ¿Cómo van a saberlo los demás?

Entre la imagen del estado actual y la imagen del estado deseado pueden mediar la cantidad de imágenes que consideres necesarias, es decir, pueden ser dos, tres o cuatro (lo cual llevaría al total de imágenes a seis), que vayan mostrando la evolución de la percepción que tenés del momento del parto. Todas estas imágenes deberán ser descriptas en detalle y siempre en tercera persona.

· Una vez lograda la evolución entre el estado actual y el deseado, bajar las imágenes (que estaban arriba) a la altura de los ojos y describirlas una por una, prestando especial atención a los detalles y detectando si se han producido cambios en las mismas o si hay algo que quieras cambiar. Todo esto debe hacerse respetando el tiempo que haga falta utilizar, en un estado de relajación y confort, sin presiones de ninguna índole.
· En la última fase del ejercicio, las imágenes se proyectan en el piso, y se procede a “ingresar” a cada una de ellas, en total asociación: pasando de tercera a primera persona, viendo lo que ves, oyendo lo que oís y sintiendo lo que sentís en cada una. Se ingresa a la primera imagen (estado actual), viviendo con todos los sentidos absolutamente todas las sensaciones, y se sale. Luego se ingresa a la segunda, y así sucesivamente hasta llegar a la última (estado deseado). Nuevamente, cada persona tiene tiempos diferentes para sentir, asociarse, etc., por lo cual este ejercicio tendrá la duración que tu ser requiera.
· Al entrar por primera vez al “estado deseado”, hacelo físico presionando (anclaje) algún punto de tu cuerpo al que puedas acudir con frecuencia y en público (puede ser la mano, el brazo, la pierna, etc.)
· Ahora vas a recorrer (caminar) las imágenes nuevamente, esta vez sin interrupciones, siempre vivenciando cada una de ellas, tantas veces como sea necesario hasta lograr convencerte de que realmente queres el cambio.
· Por último, parate nuevamente frente a la pantalla inicial y notá qué cambios se han producido desde el principio del ejercicio.

Conocernos, saber qué es lo que realmente queremos, cómo y cuando lo queremos, nos ayuda a ser más felices, plenos, a entender qué es lo que verdaderamente anhelamos en nuestras vidas y a movernos en esa dirección con claridad, utilizando nuestra energía y nuestros recursos en lo que es valioso para nuestra existencia.
Espero que este ejercicio te ayude a esperar el momento más sublime de tu vida con alegría y sin temor.

Con amor,

Elsa